Los riesgos que conlleva la cirugía estética, o más bien dicho, los riegos que puede llegar a conllevar ésta, es una brecha que está abierta desde sus inicios. La mayoría de personas creen conocer los peligros que supone entrar en un quirófano para mejorar alguna parte de su cuerpo, aunque eso, parece tener poca relevancia. Olvidan infinidad de casos en los que los pacientes han perdido la vida en una de esas intervenciones. En Argentina, por ejemplo, después de la reciente muerte de una modelo durante una operación de glúteos, se ha vuelto a abrir el debate. ¿Se conoce realmente el peligro al que se expone una persona con este tipo de intervenciones?
Además de riesgos, estas operaciones requieren de una suculenta cantidad de dinero, por lo que muchos no pueden permitirse pagar precios tan desorbitados y deciden arriesgar todavía más su vida interviniéndose en clínicas de estética ilegales. En estos casos, las complicaciones surgen a raíz de una mala elección del cirujano o de la utilización de productos y materiales no autorizados o en malas condiciones.
A partir de una cita con la doctora Otero, especializada en psiquiatría, pudimos conocer más a fondo los pasos a seguir antes de someterse a cualquier operación de este tipo. Después de haberla conocido y haber hablado con ella llegamos a varias conclusiones: el riesgo existirá siempre, ningún profesional te podrá garantizar que el resultado será 100% fiable, pero no por ello se debe pasar de largo este punto. La doctora Otero ha tratado en muchas ocasiones a pacientes frustrados por un nefasto resultado en la operación, por lo que conoce bien las secuelas que estas operaciones pueden dejar. En principio, cuando se realiza una operación estética, se quiere conseguir una mejor imagen, pero cuando el resultado no es el esperado, las consecuencias psicológicas pueden llegar a convertirse un verdadero problema. Por ello, la doctora nos facilitó una serie de recomendaciones que todo paciente debería considerar, antes de cualquier intervención.
Muchos se sienten tentados por este tipo de operaciones, pero las temen. Otros sienten que una intervención de ese tipo, exceptuando la cirugía reparadora, es negar la propia naturaleza y personalidad de cada individuo. Frente a este debate hay opiniones de todos los colores, pero lo que queda patente, por los resultados, es que cada día más personas acuden a centros de estética y cada vez los pacientes son de más corta edad.
A partir de las entrevistas que realizamos a pie de calle para conocer la opinión de la gente sobre este tipo de intervenciones, destacamos la opinión de una joven que resaltaba que la cirugía estética “se pega” y crea adicción. Pero, ¿por qué crea está adicción? La respuesta es sencilla, los pacientes que poseen el valor de someterse a esta clase de operaciones creen que mejorando una parte de su cuerpo mejorarán también su salud mental, creen que su autoestima aumentará y su vida, desde ese instante, será mucho más plena. Lo que olvidan es que una vez que pasa el tiempo, descubren más defectos que antes no veían, y entran en un círculo vicioso del que les es difícil salir. No son conscientes de que, en ocasiones, el problema no está en su aspecto físico sino en aquella parte del cuerpo que no se puede operar: la mente.
Como decimos, las operaciones pueden llegar a convertirse en una verdadera adicción. En nuestra búsqueda de información nos llamó la atención el caso de un hombre, que a pesar de su corta edad, se había sometido a múltiples operaciones estéticas. Esas operaciones se habían convertido en parte de su vida diaria, llegando a modificar cada parte de su cuerpo. Por tanto, ¿Se han de regular de alguna manera estas operaciones, o es necesario dejar que cada uno decida qué hacer con su cuerpo? Entramos en un dilema, que aún a día de hoy está generando numerosos conflictos y debates.
Pero, volviendo a un tema desvelado anteriormente: también existe la cirugía reparadora, la cirugía que se ejerce en personas que, normalmente por situaciones externas a su persona, han perdido o se les ha malformado alguna parte de su cuerpo. Por lo tanto, estamos hablando de un tipo de intervenciones totalmente distintas a las citadas anteriormente (no es lo mismo aumentarse el pecho porque una cree tenerlo pequeño que someterse a una reconstrucción del mismo a causa de un cáncer de mama). Por esta razón contactamos con una persona que había sufrido dicha enfermedad y la amputación de uno de sus senos. Así que nos reunimos con Catalina García, una mujer que había estado en lista de espera en un hospital público (el Hospital Clínic, de Barcelona) para reconstruirse el pecho. A través de la entrevista que tuvimos con ella, al igual que con la doctora Otero, obtuvimos una serie de respuestas que nos ayudaron y facilitaron a que llegáramos a una serie de conclusiones, unas conclusiones a las que, quizás, no hubiéramos llegado sin su ayuda. Gracias a ella vimos la otra parte de la cirugía estética: no sólo existe para que la gente se sienta mejor con ella misma por motivos, digámosles, caprichosos, egoístas o de gusto personal; sino que la cirugía puede ayudar a la gente a que recupere partes perdidas de su cuerpo y, eso, como esperan todas las personas que se someten a estas intervenciones, puede llegar a hacerles sentirse mejor con ellos mismos, volver a ser como eran un pasado antes de que este se viera frustrado por un enfermedad o un accidente.
Pese a todo, como ocurre en el caso de Catalina, a veces el miedo de volver a entrar a un quirófano les puede hacer tirarse hacia atrás; los riesgos (como llevamos diciendo y repitiendo a lo largo de todo el artículo) pueden llegar a superar a las ganas de sentirse y verse mejor.
Por lo tanto, aún sabiendo que tratamos un tema con diversidad de opiniones, lo cual hace difícil que se llegue a un consenso total, a la única conclusión clara que se puede llegar es que la gente, antes de operarse (sea cirugía estética reparadora o simplemente por gusto personal), al menos tendría que estar bien informada de todo lo que puede conllevar una operación de estas características y encontrarse en buenas manos (algo por lo que asociaciones de médicos llevan tiempo luchando). Así pues, hacemos nuestra una frase muy repetida en esta facultad: la información es poder y, como tal, hay que saber dónde y cómo buscarla; del mismo modo que se tiene que tener claro dónde y cómo (y sobre todo por qué) someterse a una operación de cirugía estética.
Oriol Martínez, Alain Pérez, Raquel Vidal y Estefania Vinyals.